10 Descubrimientos de Clientes en Terapia Gestalt

Sergio Cuevas · 0 comentarios

En este extenso pero interesante artículo os traigo una adaptación de un artículo del psicoterapeuta Gestalt alemán Frank M. Staemmler, cofundador del Centro de Terapia Gestalt de Würzburg. En el texto Staemmler enumera diez profundos y sorprendentes descubrimientos que suelen hacer los pacientes durante sus sesiones de Terapia Gestalt.

Comparto con vosotros este texto porque me ha parecido tremendamente interesante e instructivo cómo el autor consigue explicar grosso modo en qué consiste la Terapia Gestalt sin hacer uso de tecnicismos ni de jerga científica.

Según el propio autor, el siguiente texto ha sido escrito en un esfuerzo por transmitir a las personas interesadas en la terapia Gestalt de una manera comprensible una idea de en qué consiste.

Tales personas generalmente tienen poco o ningún conocimiento teórico sobre la psicoterapia. Pero, por supuesto, tienen experiencias de sus propias vida a las que se puede hacer referencia para darles una idea de qué es la terapia Gestalt.

Este es el objetivo de este texto. Desde su primera aparición como parte de dos programas anuales del Centro de Terapia Gestalt de Würzburg, en los años 1989 y 1990, Staemmler ha recibido muchos comentarios positivos y decidió publicarlo en la red.

A partir de aquí comienza el texto:


Fritz Perls, el fundador de la terapia Gestalt, dijo una vez: «Aprender es para mí descubrir».

Como siempre se puede aprender algo, la serie de posibles descubrimientos es, por supuesto, también infinita dentro de una terapia Gestalt.

No quiero por tanto intentar enumerarlos todos inútilmente. En el siguiente texto, describiré algunos de los descubrimientos típicos y particularmente significativos que hacen mis clientes en terapia conmigo.

Es importante comprender que los clientes en terapia Gestalt hacen sus descubrimientos por sí mismos con la guía de los terapeutas, ¡y no son los terapeutas quienes los transmiten o incluso los sugieren!

Los descubrimientos terapéuticos generalmente comprenden dos elementos: de repente abren un nuevo camino para el cliente, una nueva perspectiva o posibilidad. Por lo tanto, a menudo conducen a avances importantes en sus desarrollos. Y al mismo tiempo, a veces les ayudan a desmontar una ilusión que hasta ese momento se habían creído que era la realidad. A menudo, los descubrimientos no solo abren nuevos caminos, sino que también dificultan seguir transitando por los viejos, por lo que ambas cosas ayudan.

1. Las percepciones son muy diferentes de los pensamientos y las suposiciones

Más de uno pensará que esto es muy obvio, ¿qué hay de descubrimiento en esto? No vale la pena mencionarlo. Y en cierta manera tienen razón, porque en teoría la mayoría de la gente sabe distinguir percepciones de pensamientos y suposiciones. Sin embargo en la vida cotidiana a menudo no ocurre. Veamos un ejemplo:

Un hombre sale de su casa por la mañana y se encuentra con su vecino. Este lo saluda con una expresión malhumorada. El hombre piensa: «Mi vecino está enfadado conmigo y no le he hecho nada. ¡Qué cara dura! No sé qué narices le pasa a ese estúpido. En el futuro que no me vuelva a pedir ayuda…» Lo que el hombre percibió con sus ojos fue únicamente la expresión facial de su vecino. Y pensó que su vecino estaba enfadado con él.

Es fácil imaginar qué va a ser de la relación entre los dos cuando el hombre no ha sido capaz de hacer una distinción clara entre lo que percibe y lo que piensa. Porque las percepciones son razonablemente confiables: que el vecino se muestra gruñón todas las mañanas, si es honesto, probablemente incluso él mismo lo admita (aunque posiblemente utilice otra palabra para describir su expresión facial).

Pero sobre el resto, sobre el motivo de su rostro cabreado o sobre cómo se sentía en ese momento el hombre sólo puede hacer especulaciones, y hay un número infinito de posibilidades hipotéticas.

Si el hombre considera que su hipótesis sobre lo que le ocurre a su vecino es tan confiable como su percepción de su expresión facial, su probabilidad de error es bastante alta. Por lo tanto, también existe un gran peligro de que reaccione de manera inapropiada con su vecino, lo que luego puede lamentar y hacer algunos esfuerzos para intentar resolver.

Mis clientes a menudo descubren que algunas de las dificultades que experimentan consigo mismos y con los demás se deben al hecho de que no distinguen exactamente entre lo que perciben y por lo tanto saben con razonable certeza, y lo que piensan y que por lo tanto solo tiene un carácter hipotético. Cuanto mejor aprenden a distinguir lo uno de lo otro en su vida diaria, más fácil es para ellos enfrentarse a su día a día.

2. El pasado no determina el presente

Muchos de mis clientes, al comienzo de su terapia, tienen la opinión de que el pasado de una persona, por ejemplo su infancia, determina cómo se comporta y se siente en el presente como adulto. Aunque el Psicoanálisis no respalda explícitamente este punto de vista, ha contribuido en gran medida a su difusión.

De muchas personas se puede oír tal opinión: «Fulanito sigue estando soltero, pero bueno, su madre murió cuando él tenía solo tres años» o «ya no puedo confiar en nadie, mi padre me ha decepcionado tantas veces».

Muchas terapias ahora muestran que el pasado de los clientes puede tener una influencia muy duradera en su presente. Sin embargo, una y otra vez, descubro con mis clientes que es un error fatal creer que esta influencia es decisiva para su vida actual.

Caer víctima de este error te convierte en víctima de tu pasado y deja pocas posibilidades de un futuro mejor, porque el pasado no se puede cambiar, y si es decisivo, entonces todo seguirá siendo como siempre ha sido. La realidad, sin embargo, resulta ser diferente: ¡el pasado solo determina el presente si uno decide una y otra vez que así sea!

Me gustaría utilizar una imagen para explicar mejor lo que quiero decir: un barco sale del puerto de Hamburgo, en el norte Alemania. El capitán ha recibido la orden clara de llevarlo a Nueva York. Para cumplir este mandato, debe tomar decisiones y tomar medidas de forma reiterada, tales como por ejemplo cambios de rumbo. Incluso en situaciones en las que no realiza ninguna acción y mantiene su nave en el rumbo que sigue, toma una decisión, quizás inconscientemente, de que no es necesario hacer ningún cambio.

En cualquier punto de su viaje, tendría varias alternativas; podría detener su barco, ir hacia atrás o en círculos, dirigirse a otro destino, dejar suelto el timón, etc. Por supuesto, esas alternativas tendrían consecuencias para él que puede no querer asumir.

Sin embargo, es un hecho que nuestro capitán en todo momento tiene algunas opciones entre las que elegir. Si no hace uso de ellas y llega a Nueva York como se espera, este último resultado se basa en una larga serie de decisiones que fueron necesarias para cumplir su misión.

Así que no fue la orden que el capitán obtuvo en el pasado (en Hamburgo) quien habría determinado que ahora esté donde está en el presente (en Nueva York). Fue la suma de sus decisiones la que lo llevaron allí. Una única y mínima decisión, quizás poco llamativa, podría haber llevado a nuestro capitán a cualquier otro lugar o en otro momento diferente.

Todos y cada uno de mis clientes saben que ya no pueden cambiar el pasado; algunos lo encuentran muy lamentable. Pero es aún más importante para ellos descubrir que su pasado no puede dictar qué decisiones toman hoy, y que pueden imprimir un nuevo rumbo a su barco en cualquier momento.

3. Verantwortung macht frei (La responsabilidad te libera)

Para muchos de mis clientes, cuando vienen por primera vez a mi consulta, la responsabilidad es algo con lo que se ‘carga’, ‘que agobia’, ‘que empuja’, o incluso algo que está estrechamente relacionado con la culpa.

Si usted es responsable de algo o incluso es si es “responsabilizado”, a menudo significa que se va a enfrentar a acusaciones o críticas y, a veces, va a tener que dar cuentas, sufrir consecuencias o incurrir en costos. Con frecuencia, la responsabilidad es casi lo mismo que el deber, la obligación y el compromiso. No es sorprendente que muchas personas consideren que la responsabilidad es algo desagradable que no les gusta asumir.

En consecuencia y a veces inconscientemente se evitan: el sentido común y el lenguaje coloquial ayudan a verlo claro: ‘hoy no es mi día’, ‘los problemas me revuelven el estómago’, ‘mis compañeros de trabajo no me entienden’, ‘el mal tiempo me deprime’ y ‘el destino (o el horóscopo) no es está de mi lado’. O tal vez la culpa la tiene la sociedad o los padres.

Sea lo que sea que se considere como la causa “real”, por lo general parece no estar en sus manos o estar fuera de su área de influencia, y ellos mismos parecen estar en una situación más o menos desesperada, lo que les deja poco margen de maniobra.

Al principio, a menudo encuentro sorpresa o resistencia cuando dejo caer la posibilidad de que la persona involucrada pueda haber contribuido a la situación. No es tan fácil para algunos de mis clientes admitir su responsabilidad en gran parte de lo que experimentan y renunciar a la ilusión acariciada durante años de que no son responsables de sus vidas. Pero a veces se les cae la venda de los ojos y descubren cómo se han llevado a sí mismos a sentirse de la manera en que lo hacen.

Esto les brinda una perspectiva completamente nueva, porque si ellos mismos fueron los que crearon su situación incómoda, entonces ellos mismos podrían ser los que cambien esta situación.

Este descubrimiento normalmente tiene algo electrizante. Surgen de nuevo la esperanza y la conciencia de poder elegir entre diferentes alternativas. Resulta que la ilusión de la irresponsabilidad era la verdadera carga que debía sobrellevarse, y que el descubrimiento de la responsabilidad por la propia vida, si no está vinculado a evaluaciones negativas (ver número 6), es liberador.

4. El cambio no se puede hacer

Esta afirmación puede parecerle extraña a algunos lectores al principio. Si no se puede hacer un cambio, ¿para qué existe entonces la psicoterapia, que se supone que produce un cambio? La contradicción se puede resolver, y muchos de mis clientes, que han descubierto cómo, dan un importante paso adelante.

Cualquiera que haya pensado profundamente acerca de sus dificultades habrá notado que generalmente se componen de dos partes: por un lado tenemos un deseo. Si echamos un vistazo más de cerca al soltero antes mencionado, podemos imaginar su deseo de encontrar una esposa y vivir con ella.

Y, por otro lado, generalmente hay un miedo. Nuestro soltero no se atreverá a hablar con una mujer que le gusta porque tiene miedo de ser rechazado por ella. Se dijo a sí mismo cientos de veces: «Ahora solo háblale, ¿qué es lo peor que puede pasar?, no tienes nada que perder». La realidad es que no lo hace cincuenta veces, y las otras cincuenta lo hace sintiéndose tan incómodo y tan torpe que nada puede salir de eso.

El hecho de al menos haberlo intentado se debe a la fuerza que emana de su deseo. Si a esta gran fuerza no se opusiera su gran miedo, podría hacer un cambio en sí mismo. Pero, como muestra el ejemplo, su miedo impide que ocurra algo realmente nuevo. Él puede hacer lo que quiera con su comportamiento, pero sus sentimientos de torpeza, miedo e incomodidad no han cambiado. Practicar cincuenta veces realmente tampoco le ayudó.

La fuerza que se opone a su deseo ha sobrevivido a todos los intentos, e incluso todos los éxitos externos posibles están nublados por su sensación interna de inseguridad. Él no puede hacer su cambio tan ansiosamente deseado ni con la mejor de las voluntades. (Es por eso que los buenos consejos y las buenas intenciones a menudo no ayudan mucho).

Entonces, ¿qué se debe hacer? Nada. Lo único que se puede hacer es deshacerse de todo lo que impide la realización del deseo.

Entonces la fuerza de su deseo puede entrar en juego y desplegar todo su potencial sin que haya que crear ningún cambio.

Pero, ¿cómo deshacerse de todo lo que se opone al deseo? ¿Se puede dejar de tener miedo? Sí, puedes descubrir que tienes miedo al pensar que ya estás haciendo algo, que en realidad no quieres en absoluto. Y una vez que se descubre qué te da miedo, éste puede comenzar a disiparse. Con esto se da un paso importante en el camino del cambio.

Un descubrimiento esencial, entonces, es que uno no puede hacer cambios, sino que uno puede cambiar cuando deja de producir lo que impide el cambio.

5. Nada tiene significado excepto el que se le da

No me resultó fácil entender que el significado que un proceso tenía para mí no era el significado del proceso en sí. Con cierta certeza ingenua, cuando era adolescente pensé que sabía lo que significaban las cosas. Y creí que las personas que no se doblegaban ante mis órdenes casi dictatoriales eran estúpidas o incluso hipócritas. Por ejemplo, creí que sabía lo que significaba para los trabajadores ganarse la vida en condiciones de producción capitalista.

Con el tiempo, descubrí en profundas discusiones que las mismas cosas podían tener significados muy diferentes para diferentes personas. Y que incluso las mismas cosas tienen significados completamente diferentes para las mismas personas, si les preguntas en diferentes momentos: el agricultor está contento con la lluvia anunciada, pero a mí me fastidia mis planes para el fin de semana. Ayer mi hijo estaba feliz cuando le ayudé a atar su zapato, pero hoy rechaza con orgullo mi oferta de ayuda y me dice que puede hacerlo solo.

Por seguir con este último ejemplo, mi oferta de ayuda parece no tener ningún significado en sí mismo. Más bien, tiene un cierto significado para mi hijo, y eso puede cambiar de un día para otro.

Es fácil imaginar que para el policía que me acaba de multar por mal aparcamiento tendría otro significado si le ofreciese ayudarle a atarse sus zapatos. Tal vez él daría a mi sugerencia el significado de un insulto, tal vez incluso me tomaría por idiota.

Para muchos de mis clientes, uno de los descubrimientos más importantes que hacen en su terapia es cuando entienden, para algunos con gran sorpresa, que ellos mismos son los que le dan sentido a lo que les sucede.

De ahí la libertad de dar a la misma cosa otro significado, porque la cosa no tiene significado, sino que se le da una y otra vez. A veces es posible reírse de cosas que antes te hacían cabrearte. O también se le puede dar ningún significado especial a los eventos, en lugar de tomarlos como algo terrible.

6. Las evaluaciones a menudo conllevan dificultades adicionales

¿A quién no le ha ocurrido? Intentó algo que era importante para usted, tal vez incluso reunió todo su coraje coraje o lo intentó mucho, y falló. ¡Qué fastidio!

Y entonces comienza con un soliloquio autodestructivo: «No lo vas a conseguir nunca, fracasado, eres simplemente un incompetente, mira a los demás, saben hacerlo mucho mejor, y no abandonan, está claro que tú nunca lo conseguirás. Seguro que todo el mundo se ríe de ti a tus espaldas, ¡qué inútil!».

Un gran número de mis clientes practican una autotortura igual o muy parecida al comienzo de la terapia. Algunos no solo hacen esto en forma de soliloquio, sino que también se castigan a sí mismos en forma de acciones que son emocional y físicamente dolorosas para ellos mismos.

Por supuesto, sufren mucho a causa de esto, y la autotortura se convierte en una parte central de su actividad mental. Una vez que hemos trabajado en ello, y la autotortura se detiene, es comprensible que se sientan muy aliviados. No solo porque han progresado en un punto importante, la autotortura, sino también porque el dolor que se han causado con sus autoevaluaciones negativas finalmente se está aliviando.

Pero entonces a menudo hay una sorpresa: el problema original, el hecho de haber fracasado a pesar de sus esfuerzos, y que había dado lugar a todas las autoevaluaciones negativas no ha cambiado todavía, este problema aún persiste.

El trabajo para reducir la autotortura era necesario porque es un problema cuando se practica. Pero no contribuyó a la solución del problema original; al contrario, ha servido de distracción. Ahora volvemos a la situación insatisfactoria anterior, y todo lo que quedaba por hacer en su momento todavía queda por hacer.

El descubrimiento se vuelve obvio: si uno evalúa negativamente sus propios problemas, se enjuicia o se sermonea, uno no contribuye a la solución de sus dificultades.

Por el contrario, crea un nuevo problema que atrae la atención y la energía y evita que trates con lo que realmente estás tratando. Entonces estás de vuelta donde comenzaste con las críticas. Es como si además de fracasar en el intento de superar un obstáculo excavases una trinchera que se debe rellenar con tierra de nuevo antes de poder enfrentarte al problema original.

7. El alma vive en el cuerpo

Decir que el alma vive en el cuerpo puede sonar trivial para algunos, puesto que todos (incluso si uno cree en la continuación del alma después de la muerte del cuerpo) saben que mientras vivamos, siempre somos ambos, cuerpo y alma. Y sin embargo, muchas personas se comportan como si sus cuerpos fueran algo más o menos independiente de su psique. Todavía no han experimentado «en sus propias carnes» el alto de grado de interconexión entre ambos.

La separación que algunos de mis clientes experimentan al comienzo de su terapia entre sus cuerpos y sus almas tiene dos formas extremas opuestas.

Una se expresa en el hecho de que una persona viene a mí, tal vez enviado por un médico, y me dice que no puede encontrar una causa para sus dolencias crónicas, y de forma creíble me asegura que no tiene problemas mentales y, por lo tanto, no sabe por qué le han mandado al psicólogo.

El otro extremo son las personas que buscan ayuda por problemas psicológicos y me miran con sorpresa e incredulidad cuando les pregunto qué sienten en sus cuerpos mientras me cuentan sus problemas.

Ya se encuentren en un extremo u otro de los mencionados o en una variante más suave, descubro con la mayoría de mis clientes en algún momento que es precisamente esta separación la que juega un papel importante en el desarrollo de su sufrimiento físico o mental.

Entonces resulta que su sufrimiento tiene que ver con una falta de conciencia de la conexión entre el cuerpo y el alma que existe en cada ser humano, y que esta conexión debe ser restablecida si se desea que los síntomas o problemas desaparezcan.

Para muchos de mis clientes, este descubrimiento significa un cambio fundamental en su autoimagen y autopercepción. Algunos sufren cambios en sus vidas cotidianas. Empiezan a hacer deporte o van a bailar con más frecuencia, cambian su dieta, le piden a su pareja un masaje o se interesan por el yoga y el tai chi.

Otros entienden que durante mucho tiempo han explotado o abusado de sus cuerpos y de ellos mismos. Comienzan a descansar y se van de vacaciones con más frecuencia o se alejan de las prácticas excesivas de deporte y de gimnasio. Para muchos, sus cuerpos se están convirtiendo cada vez más en una fuente de placer y deseo, y de ese modo apoyan su bienestar emocional.

Cuando han (re)descubierto la conexión entre su alma y su cuerpo y sienten claramente que no solo tienen un cuerpo, sino también que se trata de su cuerpo, mis clientes entienden por qué siempre me intereso por sus sensaciones corporales, sus movimientos y sus posturas desde el comienzo de su terapia tanto como por su experiencia psicológica.

Y se dan cuenta de lo útil que fue para ellos descubrir su conexión cuerpo-alma, y por qué no solo hablamos el uno con el otro, sino que también nos tocamos cuando parece útil y necesario para el progreso de la terapia.

8. La disciplina es útil

A mí me enseñaron que la palabra «disciplina» era una virtud, y que consistía en hacer algo, aunque me repugnara hacerlo, porque se requería de mí. En consecuencia, no me gustaba la disciplina.

Muchos de mis clientes son similares. Usan la libertad que tienen como adultos, entre otras cosas para no hacer aquello que no les gusta hacer. Es por eso que a menudo se comportan de manera indisciplinada. No hay nada de malo en eso, es algo que puedo entender bien. Incluso se considera universalmente como un signo de salud mental cuando las personas hacen lo que quieren en lugar de simplemente satisfacer las expectativas de los demás.

Pero a veces necesitas disciplina si quieres llegar a lo que quieres, y también necesitas estar dispuesto a enfrentar situaciones y prácticas específicas que no te gustan. Si deseas permitirte unas buenas vacaciones, debes ganar el dinero necesario. Entonces tienes que trabajar, incluso si a veces no tienes ganas. Uno se toma ciertas molestias para conseguir algo que se considera importante.

En el contexto de tales necesidades, la mayoría de las personas se da cuenta de que la disciplina es necesaria. Como parte de una terapia, generalmente resulta que esta idea es válida incluso cuando no se trata de asuntos externos como ganar dinero, sino de experiencias y sentimientos personales.

Un descubrimiento que muchos de mis clientes hacen durante su terapia es la experiencia de ser conscientes de que algunos sentimientos desagradables, como miedo, tristeza, desesperación o dolor valen la pena si se encuentran en el camino hacia una meta que es importante para ellos.

Quien interrumpe una caminata de inmediato, tan pronto como comienza a llover por el mero hecho de no mojarse, nunca alcanza su objetivo o llega tarde. Si te arriesgas a mojarte, no sólo alcanzarás tu objetivo. Te secarás cómodamente y te regocijarás de haberlo hecho.

9. La atención amable ayuda

Cuando hablo sobre las autoevaluaciones negativas, hablo en cierto sentido de lo opuesto a lo que quiero decir con «atención amable». Porque se trata de otorgarte a ti mismo o a otra persona un tipo de atención que no tiene nada que ver con la crítica o la evaluación negativa.

La atención amable es un seguimiento y una escucha cuidadosa, paciente, segura de sí misma y consciente, con la que uno puede acompañar con benevolencia su experiencia interior o la de su contraparte.

Para algunos de mis clientes, es una experiencia completamente nueva el ser acompañado (no observado) por otra persona con atención amable durante su terapia, por una persona que de esta manera les da a entender que tienen permiso para ser y que no deben hacer nada. Sienten el bien que les está haciendo y que algunas cosas están cambiando para bien solo porque están bañadas en la luz cálida y brillante de alguien que sienten como conocido.

A veces, un cliente se da cuenta dolorosamente de lo poco que puede verse a sí mismo con atención amable. Casi se podría decir que uno de los mayores obstáculos en cualquier terapia se supera si el cliente tiene éxito en esto. Una vez que ha llegado a este punto, generalmente hace un descubrimiento de gran repercusión: resulta que muchas de las dificultades que tuvo consigo mismo y de las sensaciones relacionados con ellas cambian cuando les dirige su atención más amable.

El conocimiento de que la atención amable sobre la propia experiencia, incluso si inicialmente puede sentirse incómoda, ayuda a la persona a cambiar es uno de los fundamentos teóricos de la terapia Gestalt. Esto se conoce como «la teoría paradójica del cambio».

La teoría es muy fácil de formular, lo que, por supuesto, no significa que sea fácil de implementar. Dice así: «El cambio ocurre cuando alguien se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en algo que no es». Pero, ¿cómo te conviertes en lo que eres? No se puede, uno ya es lo que es. Es importante descubrir esto con atención amable.

10. La conexión con otras personas puede persistir, incluso si no estás con ellos

Cualquiera que alguna vez haya tenido que lidiar con niños pequeños, conoce ese juego en el que puedes hacer «desaparecer» un objeto ante la sorpresa y el entusiasmo del niño y luego «conjurarlo» de nuevo. En otra variante, es el niño el que hace desaparecer a la otra persona, cerrando los ojos y luego recreándolo en un acto mágico, abriéndolos de nuevo.

Este juego, que probablemente sea tan antiguo como la humanidad, se basa en un hecho que los niños tardan en aprender: una cosa y, lo que es más importante, una persona continúa existiendo aunque ya no se perciba durante un tiempo. Antes de que los niños hayan dado este importante paso en su desarrollo, se les aplica más o menos la frase «fuera de la vista, fuera de la mente».

Por lo tanto, se intenta no dejar solos a los bebés durante demasiado tiempo para protegerlos del sentimiento terrible de soledad y desesperanza de que están completamente solos en el mundo.

Pero algunas personas estuvieron expuestas a este terrible sentimiento. Y aunque más tarde, como adultos inteligentes, naturalmente saben que las personas que son importantes para ellos viven incluso cuando no están con ellos, a veces carecen del sentimiento seguro de conexión interna con estas personas.

Entonces ellos lo viven emocionalmente como si sus amigos no existieran y estuvieran completamente fuera de su alcance, si por un tiempo no tienen contacto directo con ellos. Quienquiera que se sienta así, cuando está solo, generalmente se siente abandonado. O se aferra demasiado a otras personas por miedo a la soledad. Personas que pueden sentirse atadas y desear desprenderse para mantenerse libres, lo que puede hacer que los afectados se sientan decepcionados y abandonados.

Muchos de mis clientes descubren en su terapia la sensación de tener una relación poderosa y sentir una conexión interna y emocionalmente anclada conmigo. Comienzan a sentir que no son seres aislados, sino personas en las que viven otras personas incluso cuando están lejos.

Este descubrimiento proporciona mucha seguridad: las despedidas ya no son una amenaza para la propia viveza, incluso aunque sean tristes. Y volver a verse no significa volver a conocer a alguien que se ha vuelto un extraño, sino reconocerlo. La vívida imagen del otro guarda un gran parecido con su ser real.

Cualquiera que haya descubierto esta seguridad por sí mismo, siente una unión estable y reconfortante con otras personas, que existe independientemente de si tiene problemas con ellas o no. La persona permanece conectada con los otros sin tener que aferrarse a ellos y siente que forma parte de sus vidas incluso cuando está solo.

Acerca de Sergio Cuevas

Hola, soy Sergio Cuevas. «Aprendiz de Ser Humano» En mi blog comparto contigo todo lo que voy aprendiendo por el camino hacia el crecimiento personal y el autoconocimiento.

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