Roma, la ciudad eterna

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Sergio Cuevas · 0 comentarios
Contradicción. Con esta palabra se podrían definir bien los primos quince días que he pasado en la ciudad eterna. Si bien se podría esperar que en Roma todo debe ser belleza y disfrute, la realidad puede ser tan variada como se quiera ver.

Desde Villa Borghese

Mientras escribo en mi cuaderno me encuentro en uno de los puntos con mejores vistas sobre Roma. El parque de Villa Borghese.

Un pianista interpreta música romántica mientras las sombras del ocaso dibujan una silueta de mil cúpulas en el horizonte romano.

Si algo es Roma es una ciudad bella. Aprovecho estas vistas para resumir los últimos quince días leyendo algunos extractos de mi diario.

Dicen que los inicios nunca son fáciles

Yo no sabía que se referían a esto.

El primer día de trabajo la señora Laura, un personaje sacado de cualquier novela negra, me invitó a conducir su coche, o lo que queda de un coche, por el caos de las vías romanas.

A mí me gusta empezar siempre con buen pie. Mi pie escuchó mis pregrarias y el primer día me trajo un accidente de tráfico.

Dicho así parece mucho más grave de lo que fue, así que lo llamaré incidente para restarle importancia.

¿El resultado? Una moto en bastante mal estado sin haberla tocado, el motorista se asustó y se calló al vernos.

¿La mejor parte? un desacuerdo sobre la situación porque el seguro de la señora Laura no cubre a terceros conductores.

Sin duda la mejor manera de sumergirse de lleno en el caos romano.

Este lado del mundo es conocido por su burocracia ágil. Después de esto cualquier cosa iba a ser muy fácil. O no.

Laura

Laura es una mujer maltratada físicamente por el tiempo pero que conserva viva su mente fría y calculadora.

Hoy te hace creer que es una pobre anciana indefensa. Al día siguiente el victimismo se viste de pardo militar.

He conocido a varias Lauras. Depende del dia y la cantidad de problemas que tengamos.

Es irónico que solo quince días hayan dado para que ocurran tantas cosas.

Por suerte hay una línea argumental que me acompaña cada día, la contradicción.

Contradicción

Una parte de mí quiere huir de esta vieja psicótica cuyas acciones me sorprenden cada vez más. Otra parte se quiere quedar bien cerca.

A pesar de todos los inconvenientes Laura es una fuente infinita de sabiduría y ello me hace hacer la vista gorda en algunas situaciones.

Cuando Laura comienza a hablar, aunque sería más fácil contar las veces que deja de hacerlo, habla directamente desde su corazón.

El tiempo le ha arrebatado también los complejos o las barreras.

Un alma de la vieja república italiana, con una mentalidad fuertemente abierta por su bastísima cultura, pero que a su vez contradice a menudo en sus actos y sus palabras,

No sin motivo se dice que nacemos liberales y nos morimos conservadores.

A pesar de sus 74 años Laura continúa trabajando. Dios sepa por qué, pero cuando sus fuerzas flaquean su mente la saca adelante.

Es lícito no saber que hacer

La razón me dice que siga adelante y busque otro lugar. La intuición, o qué se yo, me dice que cuanto más fea se pone la cosa más se aprende. En definitiva es a eso a lo que he venido.

En poco tiempo he podido ver de todo en el hostal.

Desde los trucos más antiguos de la profesión enseñados de primera mano por la primera persona en tener una licencia de hostal en Roma.

Imaginaos el tiempo que llevará haciendo esto, hasta pequeñas aventuras como salir en medio de la noche a buscar a unos huéspedes perdidos.

El idioma no ha supuesto ninguna barrera

.

El italiano es una lengua cuyo dominio requiere un estudio profundo y pausado.

Sin embargo para un hispanohablante no supone ningún misterio comunicarse a un nivel básico.

El tercer día a la señora Laura se le ocurrió que ya era buen momento para ponerme a contestar al teléfono. Me He tenido que adaptar rápido a esta bonita lengua latina.

He tenido la oportunidad en estos días de vivir intensamente como uno más.

He podido visitar la ciudad de arriba a abajo. Incluso he podido pasar un día en playa y en una auténtica villa romana.

Naturaleza

Gracias a una bicicleta me he podido perder por los parques del extrarradio, cuyas enormes dimensiones crean la ilusión de estar en medio del bosque.

El canto de la naturaleza se mezcla con el infierno de la autovía más cercana.

Curiosamente el tiempo que más he disfrutado no ha sido visitando las maravillas romanas.

Ha sido el tiempo que he pasado en la naturaleza, tirado debajo de un pino escuchando a la naturaleza, tomando un baño de sol y dedicándole algunas líneas a este cuaderno.

¿Me quedaré con Laura o seguiré mi camino por tierras italianas?

Todavía difícil de decir, pero todo apunta a que aprovecharé mi cercanía al Vaticano para conocer de cerca la semana santa romana.

Por | 2017-05-09T18:07:33+00:00 15 de Marzo de 2016|Empleo, Roma, Viajar|Sin comentarios

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Acerca de Sergio Cuevas

Hola, soy Sergio Cuevas. En este blog comparto contigo todo lo que voy aprendiendo sobre crecimiento personal y toma de conciencia. Espero poder serte útil en algún sentido.