Lo que no te contaron sobre la vida

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Sergio Cuevas · 0 comentarios
Qué pasaría si a la vejez te das cuenta de que las cosas que has creído más importantes durante toda tu vida han resultado ser superfluas y que has desperdiciado tus mejores años?

En su diálogo Sobre la brevedad de la vida, Séneca nos da un repaso de humildad y sabiduría y nos obliga a mirar hacia lo realmente importante en la vida.

La aceptación de la muerte se convierte en una de las claves de la vida.

Cuando sientas que no estás viviendo la vida como querrías o que estás viviendo para otros, vuelve a leer estos consejos.

La vida no es corta: la hacemos corta

¿Cuántos se quejan, a menudo tras haber desperdiciado su vida, de que la naturaleza nos ha dotado con menos tiempo que a otros seres?

No es que tengamos un tiempo escaso, es que perdemos mucho.

Para las cosas importantes hay tiempo de sobra, pero si dedicamos nuestra vida a la ostentación y la dejadez, podemos darnos cuenta de que ya ha pasado una vida que no supimos que estaba pasando.

No sabemos administrar nuestro bien más preciado:

«Tal como unas riquezas cuantiosas y principescas, cuando caen en manos de un mal amo, en un instante se disipan, y al revés, cuando, pese a ser escasas, se entregan a un buen custodio, crecen al emplearlas, igualmente la existencia se le expande mucho a quien bien la organiza»

¿En que malgastamos el tiempo?

La vida es larga si sabes usarla.

Pero unos por avaricia, otros ajetreados con tareas superfluas, otros con el pan y el circo, otros por una ambición siempre pendiente del sentir ajeno, todos derrochan su existencia en aquello que no es vida.

«De la vida es escasa la parte que vivimos. Porque todo el espacio restante no es vida, es mero tiempo».

¿A cuántos les ahogan sus riquezas?

¿A cuántos no les deja libertad la gran cantidad de clientes que tienen?

«Repasa en fin la nómina de todos éstos hombres, de los más bajos a los más altos: uno pide asesoramiento y otro lo presta, aquél es sospechoso y el de más allá defiende, aquél hace justicia pero ninguno se reivindica a sí mismo, cada cual se consume para otro».

¿Cuánto vale tu tiempo?

Ningún hombre permite que otro ocupe sus posesiones y si es necesario llegan a los puñales.

Sin embargo, en lo único que es honroso ser avaro, el tiempo, todos lo derrochan y lo regalan.

¿Cuántos años tienes? «De ese tiempo extrae cuánto se ha llevado el acreedor, cuánto la querida, cuánto el patrono, cuánto el cliente, cuánto el pleito con la esposa, cuánto el control de los esclavos, cuánto los desplazamientos por la ciudad para atender compromisos; añade las enfermedades que artificialmente nos ocasionamos, añade lo que quedó tirado sin usar: verás que tienes menos años de los que cuentas».

Vivimos como si fuéramos a vivir siempre, no reparamos en cuánto tiempo ha pasado ya y en cuánto nos queda para vivir.

«Todo como mortales lo teméis, todo como inmortales lo anheláis».

«Créeme, es propio de un personaje grande y levantado por encima de los extravíos humanos no consentir en que le sorban ni una pizca de su tiempo, y su vida se hace larguísima justamente porque toda su abierta extensión queda disponible para él solo».

Falsos sabios

Séneca habla del infortunio de hombres poderosos de su época.

El propio Augusto soñaba con alcanzar su jubilación para dedicarse a sí mismo, de forma dulce pero engañosa, todas sus conversaciones se centraban en su añorada jubilación.

¿Por qué regalamos los mejores años de nuestra vida y guardamos los últimos y más inciertos para nosotros?

Cicerón, al fin de su ajetreada vida, se sentía medio prisionero de su propia finca, a la que debía dedicarle su preciado tiempo.

Como decía Séneca, nunca a términos tan bajos se rebaja un verdadero sabio, de verse prisionero de sus propias posesiones.

El arte de vivir

Un hombre ocupado no tiene tiempo de aprender a vivir.

Se está toda la vida aprendiendo a vivir, y toda la vida aprendiendo a morir.

Sin embargo, pasamos la vida esperando a encontrar el momento idóneo para vivir.

La libertad no puede consistir más que en la aceptación de nuestro propio destino, el cual estriba fundamentalmente en vivir conforme a la naturaleza.

Si le mostráramos a un hombre los años que le quedan de vida, ¡cómo miraría por sí mismo! ¡cómo apreciaría su tiempo! ¡cómo empezaría a vivir!

La gente regala su tiempo a los demás sin percatarse de que se lo restan a sí mismos.

Cuando llegue el tiempo de la muerte, no podrán recuperar ni comerciar con su tiempo.

Vivir en el presente

No tiene mucho sentido gastar el día de hoy preparando el mañana.

«¿Adónde miras? ¿Adónde te orientas? Todas las cosas venideras quedan en la incertidumbre: vive de inmediato».

Igual que un viaje pasa rápido cuando estás entretenido y has llegado a tu destino antes de darte cuenta de que quedaba poco, la vida dura poco para la persona ocupada, que no es consciente de que el fin está cerca y que ha dormido durante todo el viaje.

La vida se divide en lo que ha sido, lo que es y lo que será.

A los atareados sólo les corresponde el tiempo presente, que es tan corto que no se puede agarrar.

A las puertas de la muerte, muchos se arrepienten de no haber vivido y suplican a los dioses que les regalen unos cuantos años más.

Cuando se olvidan de nuevo del tiempo, los achaques les recuerdan que la vida debe preceder a la muerte.

Los sabios

Los únicos entre los hombres que están desocupados son los que dedican su vida a la sabiduría.

Sean los que sean los años que les preceden, ellos los adquieren para sí.

«Si no somos muy desagradecidos, aquellos celebérrimos iniciadores de dictámenes sagrados nacieron para nosotros, prepararon la vida para nosotros».

La naturaleza nos permite que seamos copropietarios de todas las épocas.

«Ninguno de estos te obligará a morir, todos te enseñarán a ello; ninguno de estos gastará tus años, te prestará los suyos; con ninguno de estos será peligrosa la charla, con ninguno será la amistad comprometida, con ninguno costará caro el trato. Tomarás de ellos lo que quieras; por ellos no quedará que tú les saques todo lo que seas capaz».

Tenemos el poder de elegir a nuestros padres adoptivos.

Recibirás de ellos sus talentos y esos bienes que no se han de custodiar con mezquindad ni codicia.

Además irán creciendo cuanto con más gente los compartas.

«Este es el único método de extender nuestra condición de mortales y hasta de transformarnos en inmortales».

¡Qué corta es la vida de los que olvidan el pasado, descuidan el presente y temen al futuro!

Cuando llegan al final de la vida, los pobres comprenden que han estado ocupados en no hacer nada.

Placeres asustadizos

¿Cuántos poderosos se ahogan en sus placeres temiendo por cuánto tiempo más durarán?

«La condición de todos los atareados es desde luego desdichada, pero la más miserable es la de aquellos que ni siquiera se afanan en sus propias ocupaciones: duermen según el sueño de otro, caminan según los pasos de otro y reciben órdenes para amar y odiar, que son las acciones más libres de todas».

Si quieres acaso saber lo corta que es tu vida, piensa en qué proporción es tuya propia.

Por | 2017-05-09T17:56:29+00:00 20 de Marzo de 2017|Felicidad, Filosofía, Salud, Séneca, Tiempo, Vida|Sin comentarios

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Acerca de Sergio Cuevas

Hola, soy Sergio Cuevas. En este blog comparto contigo todo lo que voy aprendiendo sobre crecimiento personal y toma de conciencia. Espero poder serte útil en algún sentido.