Mejores momentos en la isla de Milos, Grecia

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Sergio Cuevas · 1 comentarios
Silencio total. Son las cinco de la tarde y en la terraza solo se escucha a los pájaros y a algún grillo. Ha pasado bastante tiempo desde que llegué a la isla y parece que llevase aquí mucho más tiempo. Es fácil acostumbrarse a la vida calmada y bajo el sol, pero a todo le llega su fin.

Fin de Milos

Hace unos días compré los billetes para volver a España a finales de abril, lo que supone que aún me quedan unos días en Milos.

Ya era hora de echar la vista atrás, (también de releer el diario) y rememorar los mejores momentos que he pasado hasta ahora en la isla.

La misma noche que llegué conocí a Patrick. Un fugaz americano de mi edad que a la mañana siguiente dejaba la isla porque se había enamorado de una voluntaria americana de una isla cercana.

Conclusión: me quedé con la mejor habitación, con las mejores vistas, cama de matrimonio y dos terrazas, una a cada lado.

Los primeros días conocí a Bochart, un alemán en la mitad de sus 50 y a Caroline y a su pequeño Ephrem, que visitaban Milos por semana santa desde Francia.

Mi primera visita en la isla fue a esta playa que podéis ver en la foto.

Sin ningún rastro de humanos y a la que solo se podía entrar con la marea baja a través de unas rocas.

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El trabajo

En cuanto al trabajo, las primeras semanas nos las pasamos poniendo a punto al Margarita, un pequeño barco de Christian, el dueño de la casa.

Entre Bochart y yo lijamos y pintamos el barco entero, por fuera y por dentro, e hicimos algunas reparaciones en el casco.

Apenas trabajamos tres horas al día, lo que para un alemán es motivo para incluso bromear.

Fue bastante divertido trabajar en el astillero con el resto de isleños preparando sus barcos para la temporada, después de haberlos puesto a secar a salvo durante el invierno.

En esta foto podéis ver al Margarita ya terminado, lijado y pintado de arriba a abajo.

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Tras un par de semanas trabajando en el barco por fin llegó el día de botarlo en el agua.

Ahí estabamos Bochart, Christian y yo para darle su primer paseo por la costa de camino a casa.

Aquí podéis ver como abandonamos el astillero felices como perdices.

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En búsqueda de sentido

Al más puro estilo de la serie de televisión Perdidos, la isla parece ser un lugar donde los extranjeros venimos en busca de algo para acabar encontrándonos un poco más a nosotros mismos.

Esto es así con Christian, que cambió el estrés Berlinense por Milos, y también con Bochart, cuya historia como asesor inmobiliario es cuanto menos misteriosa.

Bochart dejó todo en Alemania para tomarse un tiempo para pensar y replantearse su vida. Parece que su trabajo no le llena lo suficiente.

Aquí lo tenemos tostado como buen guiri después de haber pescado un bonito.

Fue un día que volvíamos de visitar Kimolos, una islita cercana que se ve desde la playa.

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Sobre Christian se podría escribir mucho, pero lo resumiré diciendo que es divertido.

Nunca sabes si está bromeando o va en serio. Unido a que habla bastante rápido siempre te asegura unas risas o algún momento de desconcierto.

Aquí lo tenemos enseñándome a manejar el barco mientras me cuenta historias de las gentes y lugares de la isla.

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Diversión

Como no podía ser menos, también he vivido buenos momentos en el agua.

En este caso aprovechando el tiempo libre para descubrir las islas y cayos cercanos con un kayak.

Sin duda una mezcla de deporte y diversión perfecta para un sitio como este.

En esta foto acabo de arribar después de hacer un mini viaje por unas islas-rocas que casi no se ven en la foto, atrás en el horizonte.

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Aquí podéis ver más fotos de otra excursión en kayak, esta vez con Bochart, en la que nos pasamos la tarde entera entre pequeñas islas desiertas, algunas cuevas con sus murciélagos y muchas, muchas gaviotas.

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Cuando volvíamos se nos ocurrió que era buena idea colonizar la isla más pequeña en la que he estado nunca.

Aquí tenéis la prueba de mi colonización.

Bueno, nuestra colonización, pero no cabíamos los dos en la isla.

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Milos es un lugar con un encanto diferente en cada esquina

En estas fotos se ve uno de mis pueblecitos favoritos.

En esas puertas de colores guardan los pescadores sus pequeños botes y sus instrumentos de pesca.

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Por suerte he tenido tiempo para todo, desde escribir en este cuaderno hasta bucear en las aguas transparentes de la isla.

Pero sobre todo he tenido tiempo para algo muy en falta hoy en día. Tiempo para pensar.

Para no hacer mucho más que ver el sol pasar y para pensar en lo que quiero hacer de mi vida en sus próximos capítulos.

En definitiva, un viaje muy recomendable para desconectar y que cualquiera de vosotros puede vivir también cuando lo desee.

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«Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente» Mark Twain

¡Hasta la próxima!

Por | 2017-05-09T18:06:00+00:00 20 de Abril de 2016|Grecia|1 comentario

Un comentario

  1. […] último es un buen ejemplo. Hace unos meses, cuando estaba en Grecia, yo solía salir a dar una vuelta con unas canoas con los turistas que venían al complejo donde yo […]

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Acerca de Sergio Cuevas

Hola, soy Sergio Cuevas. En este blog comparto contigo todo lo que voy aprendiendo sobre crecimiento personal y toma de conciencia. Espero poder serte útil en algún sentido.