Examen de lo aprendido en 2016

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Sergio Cuevas · 0 comentarios
El 2016 se esfuma para nunca volver y es hora de hacer un pequeño recuento de las lecciones que me ha enseñado la vida en este tiempo.

Este año me deja un buen sabor de boca. Tengo la sensación de haber sufrido cambios importantes.

Todavía puedo sentir muchos de sus mejores momentos como si estuviesen ocurriendo de nuevo

He extendido un poco más los límites de mi pensamiento. Todo este año lo he dedicado casi por completo al crecimiento personal.

Enero

Empecé el año un poco perdido, con demasiado tiempo libre y por tanto mucho tiempo para pensar.

Enero fue un mes frío y largo en Granada. Lo que más hice fue pensar y programar a partes iguales.

Por aquellas fechas fue cuando se me ocurrió abrir este blog para relatarme a mí mismo alguna que otra aventura que entonces ya sí que estaba obligado a vivir.

Roma

Poco después, en Febrero di un giro importante. Me fui de forma espontánea a trabajar en un hostal a las puertas, literalmente, del Vaticano.

Esta historia la conté en este artículo y en los siguientes.

En resumen la experiencia en Roma fue enriquecedora.

Me sirvió para darme cuenta de muchas cosas.

Una importante es que todo es más fácil de lo que parece cuando dejamos las excusas a un lado y nos lanzamos a la piscina.

También que seguir lo que dicen “las tripas” o la intuición suele resultar en buenas ideas.

Despues del hostal me fui unos cuantos días a una mansión al norte de Roma. Historia que cuento aquí.

Durante esta semana me llevé una enseñanza muy espiritual. Las personas nunca dejan de buscar y de dar sentido a la vida, por muchos años que pasen.

La filosofía más adecuada para vivir la vida no es la búsqueda de sentido como fin último, sino como un eterno acompañante de viaje.

Solo te deja ver dónde poner el siguiente pie cuando a penas levantas el último.

Grecia

Poco después cogí un avión hacia Atenas con todas mis historias a cuestas.

Tras pasar un par de días durmiendo en el aeropuerto me embarqué en otra pequeña aventura en la isla griega de Milos.

Allí conocí a Christian y Bochart. Dos alemanes que le pusieron un filtro centroeuropeo al paraíso griego.

En Milos estuve unos meses, un verano anticipado en el que me centré en la aventura, el mar y en la reflexión.

La verdad es que echo de menos tumbarme en el tejado de la casa a tomar el sol y escribir.

De esta pequeña aventura me llevé muchas enseñanzas. Una de las que más me impactaron fue ver cómo Christian, pese a tenerlo todo en su paraíso particular, no parecía ser muy feliz.

Mantener a flote su pequeño resort turístico le obligaba a pagar un precio que cada vez se veía menos dispuesto a pagar.

Es como si su propia libertad le hubiese encadenado. Su vida había pasado fugazmente de evento en evento. La nostalgia de los planes truncados le pesaba más que todo lo que había conseguido.

Mi otro compañero en la isla, Bochart, venía huyendo de problemas en Alemania.

Se dió cuenta al poco tiempo en la isla, es que los problemas no se habían quedado en Alemania.

Siempre habían estado dentro de él, y que cambiar de ambiente solo era una excusa para no enfrentarse más pronto que tarde a la realidad.

Perderse para encontrarse es una excusa más para seguir viviendo a oscuras.

Hagamos lo que hagamos, llevaremos siempre con nosotros a nuestro peor enemigo y a nuestro mejor aliado.

Verano

Tras este pequeño verano comencé el verano habitual en junio de vuelta en casa.

En verano siempre tengo magníficos planes pero al final se convierte en un tiempo de relax y de no hacer nada, o casi nada.

Una de las enseñanzas que me llevo de este verano y en general de todo el año es el poder de la conciencia a la hora de tomar buenas decisiones.

Es muy importante tener lo más claro posible qué queremos, qué nos emociona, cuáles son nuestros valores, dónde queremos llegar o en qué dirección queremos ir.

Y no es cuestión de que saberlo nos haga más felices y nos reste un poco de “angustia existencial”, la gran importancia radica en la toma de decisiones.

Una serie de decisiones “inconscientes” te pueden alejar demasiado de lo que quieres en la vida, hasta que te encuentres en un lugar en el que sientes que no quieres estar, haciendo algo que sientes que no quieres hacer.

Otoño

Con la caída del otoño empezó un nuevo curso académico y yo me dediqué a recordar en qué consistía vivir en mi ciudad durante el invierno.

He retomado mi afición por bailar y estos meses de otoño invernal me he pasado muchas horas leyendo libros y apuntes de psicología.

Este curso me lo estoy tomando como un puente y lo estoy dedicando al crecimiento personal.

A veces la sociedad me recuerda lo que espera de mí y me siento un poco mal por este “parón”.

Me reconforta aprovechar el tiempo para ganar conciencia y después poder tomar mejores decisiones.

En noviembre comencé un curso de Coaching e Inteligencia Emocional que me está fascinando.

Aunque solo llevamos dos fines de semana, siento que va a suponer un punto de inflexión en muchos sentidos.

Lo más importante

Si me tengo que quedar con algo de todo este año, me quedo con la importancia de ser consciente de nuestras acciones, emociones y pensamientos.

Teniendo esto en cuenta, todo lo demás cobra sentido en su conjunto y te permite disfrutar de cada paso del camino.

Además de esto, con la importancia que tiene la salud y el cuerpo como base para todo lo demás.

¿Y a ti, qué te ha enseñado tu 2016?

¡Que pases una Feliz Navidad y empieces el año con pocos propósitos, pero muy serios y bien definidos!

Nos vemos en los comentarios 😉

Por | 2017-05-09T17:59:30+00:00 23 de Diciembre de 2016|Blog, Resumen|Sin comentarios

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Acerca de Sergio Cuevas

Hola, soy Sergio Cuevas. En este blog comparto contigo todo lo que voy aprendiendo sobre crecimiento personal y toma de conciencia. Espero poder serte útil en algún sentido.