Cómo acabé en Milos, en medio del mar Egeo

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Sergio Cuevas · 0 comentarios
Es hora de hablar de barcos, del mar y de Grecia. Desde mi ventana se puede ver las burbujas que producen los gusanos en la arena cuando las olas alcanzan sus agujeros.

La temperatura invita a darse un buen chapuzón

Yo aprovecho para escribir algunas palabras en el cuaderno antes de ir a descubrir un poco más de la isla

Tras una larga travesía y alguna que otra aventura en la metrópoli helena arribé hace algunos días a la maravillosa isla de Milos, en el archipiélago de las Cícladas.

Es un lugar digno de ser llamado paraíso, que conserva algo del espíritu turco y mezcla de costumbres griegas y extranjeras.

En esta entrada cuento como llegué a la isla y pronto os contaré cómo va todo por aquí.

El 21 de marzo, justo cuando se cumplía una semana en la villa de Roma, estaba empezando a preocuparme un poco por dónde continuaría el viaje ya que cuando llegué a la villa acordamos que sería solo por unos diez días.

Workaway, de nuevo.

Aprovechando las grandes ventajas que ofrece Workaway, del que hablé aquí y sobre el que escribiré algo más adelante, había enviado una serie de correos a un grupo de gente previamente seleccionado, digamos una lista de opciones para continuar el viaje.

Como he contado en otras ocasiones en junio tengo el examen del PER (Patrón de Embarcaciones de Recreo).

Una especie de carnet de conducir para barcos que es obligatorio en algunos países europeos (o más bien en la mayoría.

No en Grecia curiosamente), así que mis preferencias habían sido todas por sitios con mar, pequeñas islas y pueblos costeros.

Me encantaría por supuesto cruzar el charco rumbo a las Antillas pero me lo reservo para más tarde para disfrutarlo con más tiempo.

Christian

Al día siguiente recibí un correo de Christian. Un alemán de 72 años que lleva toda la vida “a vela” entre Berlín y las islas griegas.

Mi mayor sorpresa fue descubrir que las características del trabajo parecían estar redactadas a medida para mí.

Consistía en unas escasas 3 o 4 horas de trabajo al día preparando su barco para surcar los mares helenos de nuevo esta temporada (algo que estoy deseando empezar).

Y el resto del día tiempo libre para descubrir la isla y disfrutar del mar.

Christian se dedica a alquilar unas propiedades a los turistas durante la temporada alta.

Podéis echadle un vistazo a su página aquí .

Y quién sabe, si os animáis podéis hacer lo mismo que yo y venir la temporada que viene, es 100% recomendable.

Era tan perfecto que no podía ser real, así que me quedé bloqueado durante 20 minutos.

Incluso llegué a escribir, misterios de la psique, una respuesta rechazando la oferta de Christian porque me daba un poco de miedo lanzarme a la aventura en tierras (o aguas) tan desconocidas.

Obviamente volví rápidamente del sock. Borré la respuesta, escribí un Sí muy grande (no literalmente porque el editor no da para tanto) y lo envié inmediatamente.

La decisión

Las “tripas” son las tripas y hay que hacerles caso cuando hablan tan claramente. Aunque de un poco de miedo, de “cosa”, o como queráis llamarlo.

Esa misma tarde reservé un vuelo de última hora hacia Atenas.

Una tarea que se complicó un poco porque tenía que facturar una maleta adicional para poder llevar conmigo mi bici plegable que compré cuando estaba en el Vaticano.

Podría haber volado directamente hacia Milos.

Pero por supuesto no parecía tan interesante como dormir dos noches en el aeropuerto de Atenas y aprovechar para echarle un vistazo a la Acrópolis y al centro histórico de la metrópoli de la cultura occidental.

El ferry que va desde el viejo continente hasta la isla de Milos solo zarpa algunos días a la semana.

Entonces el plan era dormir dos días en el aeropuerto de Atenas y luego coger el barco hasta Milos.

¿No podrías haber reservado un hostal o un hotel, rata?

Claro que sí, pero vivir en el aeropuerto dos días me parecía más interesante y algo que todavía no había tenido la oportunidad de hacer.

Atenas

Con todos los bártulos a cuestas el día 22 salí bien temprano hacia el aeropuerto de Ciampino (quedaros con este nombre si queréis viajar barato a Roma) para volar a Atenas esa misma tarde.

Como anécdota me llamó la atención el metro de Roma.

Estaba esperando al tren y cada minuto que pasaba anunciaban por megafonía que el tren llegaría un minuto más tarde.

¿Adivináis qué? Los trenes siempre llegan puntuales…

Poco antes de coger el avión conocí a una pareja de griegos que había estado visitando la ciudad eterna.

En ese momento comenzó una larga serie de buenas sensaciones y primeras impresiones que me han hecho tener una sonrisa de oreja a oreja, como un idiota, desde que entré en contacto con este magnífico pueblo.

Un pueblo alegre, un poco despreocupado y muy humilde en el mejor sentido de la palabra.

Aventura en el Aeropuerto

En mi primera noche en el aeropuerto de Atenas tuve la suerte de conocer a una mujer mayor muy interesante que por desgracia vivía de continuo en el aeropuerto.

No se preocupaba mucho por disimular ya que a pesar de ir tirando de su maleta iba todo el día con un camisón de flores y con unas chanclas de andar por casa.

Como yo era el novato entre los huéspedes permanentes del aeropuerto me tocó dormir en un sillón alargado (y bastante duro) de un McDonalds 24h que hay en el tercer piso.

El problema no es el olor a carne en descomposición, sino la musiquita de jazz animado que por su puesto también es 24 horas.

Y que yo creo que la suben un poco por la noche para ahuyentar a los trasnochadores.

La mejor parte es que no necesitas despertador.

Te echan ellos con ruidos o los propios clientes a las 5 de la mañana. Perfeco para coger el primer metro de las 6:30 para visitar Atenas.

Acrópolis

A primera vista el centro de Atenas es bastante distinto a como uno se lo imagina.

Digamos que tiene bastante influencia de los turcos en muchos aspectos (arquitectura, decoración…).

Muchos rincones me recordaban a una temporada que pasé en Túnez.

Como por ejemplo la costumbre de vender comida en pequeñas urnas de cristal en cualquier esquina de la calle.

Cuando llegué al Acrópolis todavía dormía la ciudad.

Parece que lo de “a quien madruga Dios le ayuda” en este caso tenía razón.

En la entrada del Acrópolis conocí a una pareja de jóvenes que estaban esperando a que abriese. La chica que hablaba griego nos consiguió unas entradas gratis por ser estudiantes.

Nunca viene mal ahorrarse esos 12 euros que vale la entrada. Sobre todo si te has propuesto viajar con poco presupuesto.

El Partenón, el templo de Atenea Niké, las vistas de Atenas… todo impresiona y sugestiona la mente de una manera impresionante.

Turistas póstumos

Lo que no acabo de entender es cómo muchos turistas, no solo japoneses, simplemente llegan corriendo en grupos y se hacen una foto con sus palos.

No se paran ni un minuto a observar lo que tienen delante ya se han largado corriendo a hacerse la siguiente foto.

Como si el turismo consistiese en conseguir el mayor número de fotos y vídeos posibles y entonces pararse en casa a verlos y disfrutar de la visita en diferido. (Y por supuesto para fardar en Facebook).

Atenas se merece una visita

Como me sucede con Roma, siempre se me queda el mal sabor de boca de ver como la historia y la cultura se ven cada vez más prostituídas por el turismo y por los intereses únicamente económicos.

Desde las alturas del monte del Acrópolis se pude observar el caos de la planta ateniense.

El utilitarismo se impone por completo a la belleza y la armonía tan característica precisamente del periodo clásico.

Durante la segunda noche en el aeropuerto aproveché para visitar una exposición gratuita que hay allí mismo.

Los museos nunca me han dicho demasiado, pero si se toma con mucho relax y tiempo puede ser muy interesante.

Lo que más me llama la atención curiosamente son las escrituras antiguas grabadas sobre piedras o vasijas.

Es como si el lenguaje me transmitiese mucho más la magia detrás de esos 2500 años de historia que tienes delante que la artesanía.

Seguro que es porque todavía no sé apreciarla como es debido.

Rumbo a la isla de Milos

Al fin llegó el día de surcar el mar Egeo rumbo a Milos.

Como despedida de las tierras continentales, Grecia me guardaba una huelga en el metro. Algo tan emblemático como el Partenón.

Por suerte en autobús llegué con tiempo de sobra al barco y me salió mucho más barato.

A las 3 de la tarde (en realidad fue con bastante retraso, es Grecia) el barco zarpaba del puerto del Pireo rumbo al archipiélago de las Cícladas.

En total unas 8 horas de navegación hasta la isla de Milos.

Al llegar me esperaba Christian para llevarme a casa a descansar, ya que otra gran aventura estaba a punto de comenzar.

Por | 2017-03-24T13:02:10+00:00 30 de Marzo de 2016|Grecia, Milos|Sin comentarios

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Acerca de Sergio Cuevas

Hola, soy Sergio Cuevas. En este blog comparto contigo todo lo que voy aprendiendo sobre crecimiento personal y toma de conciencia. Espero poder serte útil en algún sentido.